José Rafael González un diamante que nunca brillo

Puerto Plata.- La expectativa creada tras la llegada de José Rafael González a los escenarios beisbolisticos, fue algo más que sorprendente en base a su extraordinario desempeño en el campo de juego. Desde que fue firmado por la organización de Los Dodgers de Los Angeles, demostró grandes habilidades y destreza, dejando sorprendidos a dirigentes y ejecutivos de la organización que le firmó, quienes sifraron grandes esperanzas en el puertoplateño de que en poco tiempo podría triunfar y llegar al estrellato, ya que sus condiciones atleticas hablaban por sí solas. 

J. R. González, poseedor de las herramientas necesarias para triunfar y llegar al beisbol grande, precisamente debutó en las mayores con Los Esquivadores, el 2 de septiembre de 1985, desempeñandose como outfielder. Buena defensa, lo primordial en él, pero para demostrar que lo hacía bien, primero tuvo que jugar a menudo y para poder jugar hay que coresponder con el bate, el que batea es el que juega, bateando se obliga a que el dirigente te integre en la alineación regular. 

Cuchumba como es apodado, hijo de José Ramón González Y Esperanza Gutierrez, era dueño de prodigiosas piernas, siendo considerado desde novato uno de los jugadores más veloces, pero para correr en las bases, primero hay que embasarse y su anémico bateo no se lo permitía. Tenía brazos de cañón, desde los jardines, no les dejaba a los corredores contrarios avanzar. 

José Rafael González, permaneció en el equipo seis temporadas y media. La organización se cansó de esperar que el criollo explotara y eso no se vio llegar, hasta dejar de persistir. Los Dodgers desistieron de su servicio, pasando J. R. González a Los Piratas de Pittsburgh, tambien jugó para Cleveland y Los Angelinos de California.

En total, en 8 años en las mayores, jugando para 4 equipos, González accionó en 461 partidos, consumió 676 turnos, disparó 144 hits, de ellos 30 dobles, 7 triples, 9 cuadrangulares; anotó 95 carreras, empujó 42, recibió 60 bases por bolas, 186 ponches, se robó 33 bases con promedio de bateo de 213. Ganó un anillo de campeón en la serie mundial del 1988. Terminada su labor en las mayores, jugó varios años en la liga mexican, donde fijó residencia.

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